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Oración de Protección a la Virgen María

Nuestra madre María Santísima vela por la seguridad de cada uno de nosotros, ya que es nuestra madre y nos cuida con sus hijos. Por esa razón te recomendamos que ores todos los días la oración de protección a la Virgen María Santísima para que pidas por tu protección y la de tu familia.

Oración a la Virgen María

Recuerda hacer esta oración con mucho amor y verás como tu relación con María Santísima es más unida y especial.

Oración para la protección de la Virgen

Ven Virgen Pura y Bendita! Ven! Virgen María Madre mía. Guerrera Poderosa contra Satanás y los espíritus inmundos que me desean atacar y vencer.

Guerrera de oración, guerrera apoyada por la Corte de Ángeles celestiales, guerrera sostenida por el Espíritu de Dios. Por la Santísima Trinidad elevada a la victoria contra el mal.

Ven Virgen Pura y Bendita!, Poderosa Madre del Universo, ven y guerrea junto a mi, que me siento débil y frágil.

Apoyo mío! Virgen Reina del Cielo, mira que me atacan, me persiguen y me sobresaltan las cosas de este mundo. Protégeme de mí mismo, de mis tendencias al pecado, a caer por las insidias del maligno.

Guerrea conmigo! Poderosa Virgen Inmaculada, Virgen Pura y Bendita. Colócate en cada esquina de mi casa, de mi trabajo, de mis lugares de estudio o descanso, donde me encuentre, protégeme, sé tu mi fuerte, mi muralla y refugio. Vela por mi alma y mi cuerpo, acúname y rodéame con tu Santo Manto.

Guerrea a mi lado por los que desean hacerme daño; que tu pecho virginal sea mi escudo, tus manos fuentes de agua pura detengan a mis enemigos, tus ojos luces poderosas los alejen, tus palabras amorosas paralicen cualquier obra maléfica contra mi y mi familia.

Tu Corazón Inmaculado me sostenga, tus pies benditos derroten al enemigo que me acecha.

Por el día por la tarde y por la noche, seas Tu ¡Oh! María mi guerrera, mi protección; alza tu Poderoso Manto, ¡Madre mía! y envuélveme en él. Que ahí estoy en el centro del Sí. En el centro de la Encarnación, en Tu Corazón Inmaculado.

Ahí no tendré miedo, ¡Oh! Reina del Cielo, desde ahí envuelto me llevas a las Manos de Jesús.

Confío en que haz escuchado mis plegarias, gran Intercesora, quédate conmigo guerrera de mi alma, quédate conmigo hasta que Dios me llame y acompáñame en ese trance, de Tu Mano no me sueltes y sonriendo me deleites.

Madre aquí, Madre allá, Madre Infinita del Verbo Encarnado, que nunca me aparte de tu lado, siempre de tu mano sostenido, siempre de tu mano protegido.

Madre amada de mi alma, te venero, Velo purísimo del Cielo, Oh! Virgen Gloriosa y Bendita! anhelo de los mortales, Amorosa Guerrera mía.
Amén.